viernes, 17 de diciembre de 2010

Él.

Le veo, me mira, le siento, noto su perfume. Mi pulso se acelera, una sonrisa inesperada aparece en mi rostro. De repente noto algo de humedad, humedad y frío. Ha empezado a llover. ¿Cuánto tiempo llevo mirándolo? Viene, me sonríe, estoy temblando, pero el no lo nota. Para el no ha cambiado nada... tiene lagrimas en los ojos. Hablamos, me explica su nueva vida, pero no me atrevo a preguntarle. ¿Qué le pasará? Me muero por saberlo, que me lo cuente todo, que yo le ayude, que le cure con uno de mis besos. Que el me abrace como antes, que yo sienta su pelo en mi cara, la satisfacción de esa gran victoria cada vez que el se acercaba a mi. Pero todo este sueño se desvanece, me encuentro de repente despidiéndome de él. Sin más. No ha servida de nada. Todo igual. Una vez más.


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